Vivimos con la mente saltando entre lo que pasó ayer y lo que podría ocurrir mañana. Pero la vida solo ocurre aquí y ahora. La atención plena (mindfulness) nos entrena a volver al presente una y otra vez, con amabilidad, sin juzgar.
Vivimos rodeados de estímulos que nos arrastran al pasado con recuerdos o al futuro con preocupaciones. Sin darnos cuenta, pasamos gran parte del día ausentes del único lugar en el que realmente podemos vivir: el presente.
La atención plena consiste en entrenar nuestra mente para regresar a lo esencial: la respiración, un sonido, el latido del corazón… Cada vez que nos despistamos, simplemente volvemos al presente, sin juicio y con amabilidad.
Lo que parece un ejercicio sencillo es, en realidad, profundamente transformador. La práctica regular de mindfulness:
-Calma la mente y reduce la ansiedad. -Mejora la concentración y la claridad mental. -Fortalece la conexión entre cuerpo, mente y espíritu
Una práctica de iniciación en 5 minutos
- Busca un lugar tranquilo. Siéntate cómodo, con la espalda recta y los pies apoyados en el suelo.
- Cierra los ojos suavemente. Lleva la atención a tu respiración.
- Inhala y exhala de manera natural. Nota cómo entra y sale el aire por tu nariz o cómo se eleva y desciende tu pecho.
- Cuando aparezca un pensamiento, no lo rechaces. Obsérvalo y vuelve con suavidad a la respiración.
- Quédate en este ejercicio durante 5 minutos. Solo eso: respirar y volver, respirar y volver.
Lo sencillo se vuelve profundo: calma la mente, baja el nivel de ansiedad y fortalece tu capacidad de concentración.
En mis sesiones de coaching, siempre dedicamos un espacio a este tipo de práctica. Antes de trabajar objetivos, metas o cambios, necesitamos aprender a parar, respirar y regresar a lo esencial: el presente.
La atención plena no es solo una técnica, es una forma de vivir con más calma, claridad y coherencia. Y recuerda: la clave está en ti.



